En estos tiempos modernos llenos de tantas distracciones, parece ser que las relaciones amorosas se han vuelto algo pasajero y superfluo; muy pocas se vuelven sólidas y duraderas. Esta nota está dedicada a una pareja que ha sabido sortear los juegos del amor por 22 años de una manera casi mágica. Un amor basado en el respeto, la confianza, la admiración y el cariño, una serie de conceptos que parecen haberse extraviado entre el nihilismo de las parejas actuales.

Ambos sostienen que la tolerancia es un tema que se va moldeando con el devenir de la relación y que la confianza se va ganando de a poco aun así el pensamiento te recree situaciones desfavorables. Les gustaría adoptar un hijo pero ya tienen uno y se llama “Roger”, un engreído Schnauzer al cual adoran con devoción. Ambos son profesionales exitosos, viajan mucho, se extrañan mucho cuando están lejos el uno del otro por cuestiones laborales, pero no comparten el mismo baño. Charles Castro trabaja para una prestigiosa línea aérea y Steve Haas es un conspicuo personaje en el mundo de los restaurantes y en el ámbito político en todo Miami. Apreciemos sin vértigo la extensión amorosa de ambos en una entrevista exclusiva que concedieron a LifeStyle Miami en las instalaciones del restaurant “City Hall”, propiedad de Steve Haas.

Buenas tardes Charles y Steve. ¿Cómo fue que se conocieron?
Nos conocimos hace 22 años en el restaurante “The Forge” en Miami Beach. Yo era el gerente general y Charles entró al restaurant con dos amigos que yo ya conocía, como un cliente más, en 1990, de hecho, en octubre cumplimos 23 años.

Steve, ¿Cuál fue tu primera impresión cuando viste a Charles?
Me quedé impactado cuando lo vi. De hecho en ese entonces yo era fielmente célibe por 3 años, debido a la proliferación del VIH. Yo no estaba buscando tener una relación, estaba totalmente enfocado en mi trabajo.  Cuando Charles entró por esa puerta no nos dejamos de mirar el uno al otro, era un constante coqueteo durante todo el curso de la tarde y me dije a mí mismo: “tengo que conocer a este chico”.

¿Cómo cambió sus vidas desde entonces hace 22 años, sienten lo mismo ahora?
Bueno, como en toda relación hay cambios. Veintidós años después ¿ Nos seguimos amando? Absolutamente 100%, nos cuidamos el uno al otro, nos apoyamos, pero claro, al comienzo uno siente esas mariposas en el estómago, la emoción de empezar una nueva relación, lo desconocido…así que son en definitiva diferentes tipos de sentimiento, va creciendo. Cuando estás en una relación por tanto tiempo hay una serie de sentimientos que van cambiando desde cuando empezamos la relación hace 22 años.

¿A qué te dedicabas Charles en ese entonces, que era lo que hacías?
Bueno, yo estaba al tanto de mí mismo, era un adicto al trabajo. He vivido en Miami desde 1978. Soy de San Juan de Puerto Rico. En ese entonces yo era auxiliar de vuelo de una aerolínea y lo he sido por 30 años, tengo una especialización en administración de aviación y estudios en psicología. He realizado trabajos relacionados con la aviación de todo tipo pero siempre he estado en el departamento de vuelos haciendo capacitaciones, contratando gente nueva, trabajos administrativos, etc; pero lo que más disfruto es volar. Un día, salía con mis amigos y fuimos a celebrar el cumpleaños de uno de ellos a “The Forge” que era el restaurante favorito de mi amigo. Y después de esa tarde de constante coqueteo todo cambió. Mis amigos no sabían que Steve era gay, y me decían que él no era gay, que me estaba confundiendo y bueno yo les dije: “Si él no es gay, entonces yo no soy auxiliar de vuelo” (Risas). Nunca me voy a olvidar de su traje doble, clásico en esa época y de su cabello de 2 metros de altura, bien hecho con la secadora y el bigote reluciente (carcajadas).

Steve, en esa época ya estabas en el mundo de los restaurantes ¿cierto? ¿Cuéntanos un poco de tu experiencia profesional?
Yo nací en la ciudad de Nueva York, crecí en Queens. Cuando mis padres se mudaron a Miami Beach yo tenía 14 años. Fui al High School en la playa, Miami Dade, FUI. Estudié marketing y contabilidad, pero siempre he estado en el negocio de los restaurantes. Mis padres eran dueños de restaurantes cuando yo era un niño. Trabajé con mi papá y me di cuenta de que esta era la profesión en la cual quería estar. Así que me metí completamente en el mundo de los restaurantes y me proyecté tanto con esto que en un período de tiempo muy corto ya estaba a cargo de “The Forge” cuando tenía 20 años, que dicho sea de paso era en su tiempo el restaurante más prestigioso en todo los Estados Unidos y lo tuve bajo mi dominio por 11 años. Lo más curioso de todo es que yo nunca me fijé en nadie cuando trabajaba en el restaurante, ni empleados, ni clientes; pero cuando Charles entró por esa puerta hubo algo, fue lo mejor, pasó en el momento correcto y en el lugar correcto y fue la persona correcta. Creo que lo que impactó más en Charles fue que cuando se estaban despidiendo yo me acerqué a él y le dije: “Buenas noches, Charles. Fue un placer concerte” porque Charles no se acuerda de ningún nombre, así que el hecho de que recordara su nombre le causó mucho asombro. Yo sabía que los otros chicos tenían una sobrina que trabajaba para mí y al día siguiente fui a la oficina a preguntarle cómo podía conocer a Charles; lo más gracioso fue que ella sabía que había algo entre nosotros porque Charles ya había llamado al restaurante y había dejado un mensaje (risas). Así  que finalmente, cuatro días después salimos a cenar y después de 3 años de estar soltero, su madre estaba sentada en la otra mesa con una sobrina. ¡Qué comienzo!

Hoy en día las relaciones tienden a ser un tanto efímeras, ¿Cuál es el secreto de ustedes para mantener una relación tan larga?  ¿Cómo lo han hecho en todos estos 22 años?
Cuando nos conocimos no existía el internet. Existían muchas formas de comunicarse el uno al otro. En ese entonces creo que la gente compartía tiempo real el uno con el otro y se hablaban más, mucha comunicación. Hacías cosas juntos. Hoy en día tú ves grupos de personas y amigos y pareciera que no están juntos porque están en el teléfono enviando mensajes de texto o en el Facebook totalmente distraídos, navegando en el internet. Cuando yo y Steve nos conocimos nada de eso existía, teníamos que ir a un teléfono público para hacer una llamada. Lo más novedoso en ese entonces eran los “beepers”. Creo que una relación es como tener otro trabajo, tienes que ponerle esfuerzo, interés, dedicación, comunicarte. Cuando va algo mal, tienes que saber dejarlo ir. Cuando estás molesto, no es el momento para discutir, tienes que dejar que pasen unas horas y definitivamente tocar el tema otra vez, porque si no lo haces, te va a molestar por siempre. Tienes que hablar al respecto. Básicamente es tener mucha comunicación, aceptar a tu pareja como es, porque no la puedes cambiar del todo.

Y para ti Steve, ¿cuál es el secreto?
Paciencia, aceptar a la otra persona como es y dejar que la otra persona crezca. Ambos nos hemos dado y permitido la libertad, nos tenemos confianza. Charles vuela mucho y está en un hotel en Argentina, Brasil o París a veces cinco días a la semana y yo confío en él. Nunca he dudado de algo que me haya dicho, yo no soy celoso. Yo creo que otra clave (y realmente creo en esto) para que esta relación haya sido duradera es que una persona tiene que viajar. Yo trabajo a veces más de cien horas a la semana, estoy políticamente activo en esta ciudad, estoy en muchas convenciones, hago tantas cosas y cuando Charles está volando me da mi espacio para poder hacer lo mío y estar solo cuando lo quiero estar. Todos los seres humanos necesitamos un tiempo a solas. Así que cuando ya estoy saturado de Charles, él ya se fue (risas). Ayuda mucho a mantener la relación saludable porque extrañas a tu pareja. Así que cuando te pasan cosas durante el día simplemente quieres que esa persona esté de regreso para charlar y compartir un tiempo juntos. Creo que viajar ayuda mucho. Otra cosa que ayuda mucho también es tener un baño separado y un clóset separado (risas)

¿Alguna vez se han sentido discriminados por ser una pareja gay?
Nunca. Nunca hemos tenido algún problema por ser quienes somos, si nos preguntan nunca lo hemos negado. Nuestra familia siempre lo ha sabido, el mundo del restaurante siempre ha sabido quien soy, bajo ninguna circunstancia o lugar he tenido algún tipo problema al respecto, inclusive en el ámbito político en el que estoy saben quién soy. Soy el presidente del departamento de consejo y administración de Miami Beach y en muchos de mis discursos en frente de mucha gente importante he presentado Charles y nunca he sido confrontado y señalado por nadie. Nos sentimos bendecidos en ese sentido. Ambos venimos de familias sólidas y eso ayuda mucho. La familia de Steve es judía, mi padre era italiano y mi madre de Puerto Rico y nunca hemos tenido algún tipo de confrontación.

¿Cómo describirían su relación en una palabra?
Sólida.

¿Cómo rompen la rutina?
Cuando podemos, en casa. Tratamos de ser muy espontáneos. No planeamos nada, en el momento salen las cosas.

¿Qué ha sido lo más espontáneo que han hecho como pareja?
Quizás lo más espontáneo que hemos hecho es que después del huracán “Andrew” destrozó Miami estábamos deprimidos y una mañana nos levantamos y le dije a Charles: “Vamos de crucero, ahora mismo” y nos vestimos y nos fuimos al Puerto de Miami sin tener pasajes, los dos en camisas hawaianas nos estábamos instalando en una suite para ir una semana de crucero. Fue muy épico.

¿Qué los hace feliz?
Roger, nuestro “hijo”. Es un Schnauzer bello que nos alegra la vida incondicionalmente. Yo creo seriamente, por sus gestos y lenguaje corporal, que algún día nos va a llegar a hablar (risas).

¿Cuál sería el consejo para las parejas gays y no gays lectoras de LifeStyle Miami?
Muy sencillo: “The grass is not always greener on the other side” (el pasto no siempre es más verde del otro lado), sencillamente no lo es. Hay que luchar por la relación, no es fácil. Solo pierde el que se rinde. Hay que buscar la forma de enamorarse una y otra vez. No importa si eres gay o no, todas las relaciones son iguales. Hay muchos factores externos que corrompen una relación. La comunicación y el respeto son primordiales.