Enrique Norten / Imagen cortesía Levy Communications

Culto, apacible, interesante y muy dadivoso en palabras son algunos de los muchos atributos que definen la personalidad del arquitecto mexicano Enrique Norten. La disciplina y la dedicación por su trabajo lo han llevado por la senda del éxito. Es un convencido de que si no te gusta lo que haces, es mejor que lo dejes. Es un profundo conocedor de la realidad de su país y de la de los países latinoamericanos y del mundo, ya que debido a los constantes viajes que realiza, está involucrado a menudo con las muchas realidades arquitectónicas del planeta que le dan una perspectiva cultural y alimentan su imaginación para futuros proyectos. Poseedor de una exitosa carrera profesional adornada con una extensiva lista de reconocimientos, Enrique Norten estuvo de visita por Miami y dentro de su ajetreada agenda, nos concedió una entrevista exclusiva en la cual nos revela el motivo de su estadía y nos habla un poco sobre su pasión, la arquitectura.

Señor Norten, buenos días; gracias por esta entrevista. Cuéntenos un poco sobre el motivo de su visita a Miami.
La principal razón es porque algunos de nuestros varios proyectos que estamos haciendo acá en Miami Beach acaban de ser lanzados públicamente. Son proyectos residenciales y mis clientes, las gentes para las cuales yo he realizado estos proyectos, están organizando algunos eventos y me han pedido que estuviera presente, a lo cual yo con mucho gusto accedí. Entonces es un poco para celebrar estos proyectos con ellos.

Y ¿es la primera vez que usted realiza proyectos aquí en Miami o ya ha tenido experiencias anteriores a esta?
No. Llevo muchos años trabajando acá en Miami de distintas maneras. Bueno, desafortunadamente se nos atravesó esta época de recesión y por eso se suspendieron algunos de estos esfuerzos, pero llevo muchos años trabajando acá.

¿Cómo nace la idea de su firma “TEN arquitectos”?
Bueno, “TEN arquitectos” nació hace más de 30 años. El nombre es la abreviación de “Taller de Enrique Norten Arquitectos” que es muy largo y de manera natural y orgánica se fue reduciendo o tomando forma y ahora es el nombre por el cual conocen comúnmente a este equipo que es un equipo amplio que yo dirijo. La fundé en la ciudad de México en al año 86 después de haber terminado mis estudios y de haber trabajado para otras empresas; eventualmente se me presentó la oportunidad de fundar mi empresa de una manera muy modesta, muy pequeña y afortunadamente ha ido creciendo hasta convertirse en lo que es ahora.

¿Cuál fue la idea inicial de “TEN arquitectos”?
La idea inicial era la de hacer buena arquitectura y al mismo tiempo combinar la investigación y las inquietudes alrededor de la arquitectura de la ciudad y la posibilidad de poder, a través de estas investigaciones, acceder a hacer arquitectura y hacer ciudad.

A finales de los 90, usted formó parte de un movimiento de renovación arquitectónica muy peculiar e importante en México, ¿cómo definiría usted aquella etapa?
Fueron momentos muy importantes porque fue una época en la que México estaba cambiando políticamente, su participación global estaba cambiando. De pronto, México después de haber sido un país muy cerrado se abría al mundo en todo sentido, cultural y políticamente, y se convertía en un jugador global como muchos otros países. Y es cuando nosotros de alguna manera, muy jóvenes, nos tocaba responder a estas condiciones un poco contrarias a lo que venía sucediendo por decenas de años. También pues nos correspondía ser oposición al “establishment” de la arquitectura de ese momento, pero no era por rebeldía.

Es el ciclo natural de la historia que marca las diferentes etapas, una es la contraposición de la otra ¿cierto?
Correcto, contraposición y complemento ¿no? No era una rebeldía natural como muchos alguna vez lo han visto, es simplemente que nos tocaba proponer otra cosa. Yo siempre pienso que tuve la suerte de estar en ese momento, la suerte de entender no porque era muy reflexivo en mi posición, simplemente porque me tocaba hacerlo.

Vista del jardín del proyecto 321 Ocean que diseñó Norten en el área de SoFi en Miami Beach / Imagen cortesía de Levy Communications

¿Y en qué sentido fue que este movimiento canalizó toda esta vorágine de cambios?
Yo creo que lo más importante y ahora que lo veo bien retrospectivamente, evidentemente no era yo solo, tú bien lo has dicho, éramos un grupo de personas que habíamos tenido la suerte primero de haber terminado los estudios, casi todos en la ciudad de México y de pertenecer a una generación que salía por primera vez del país a formarnos en otros lados, eso no sucedía antes. Entonces sales y ves el mundo de otra manera y volvimos al país con otro entendimiento del mundo y lo que estaba pasando en él. Entonces nuestra propuesta es una propuesta de apertura, una propuesta de hacer una arquitectura más global sin perder digamos los tonos de nuestros lugares, de nuestros países y de nuestras culturas.

También es primera vez que sucedía en nuestras disciplinas, en nuestros países. Aunque yo estaba en México fue un movimiento latinoamericano. Eso pasaba en todos lados y yo creo que a nosotros nos tocó, por alguna extraña razón, tomar un liderazgo aunque siendo muy jóvenes. Lo mismo estaba pasando en Argentina, Chile, Perú, Colombia. O sea era lo mismo, la misma generación que de alguna manera estábamos reaccionando a esta misma condición porque era común para toda Latinoamérica.

En ese sentido, ¿cuál considera usted que es el rol de la arquitectura con la sociedad? mejor dicho ¿cuál es el aporte de la arquitectura a la sociedad?
Mira, hay muchos. Hay los más pragmáticos, hay unas condiciones mucho más pragmáticas que es al final del día el de resolver las cuestiones de necesidades, digamos de ocupación, de habitabilidad, de cubierta, de participación urbana, espacio público como de hacer ciudad. Son condiciones mucho más pragmáticas porque nos entrenan además técnicamente para responder a estas condiciones. Por otro lado hay responsabilidades muy grandes, que son responsabilidades de dejar de alguna manera manifiestos la representación de ciertos momentos de la historia. A través de toda la historia la arquitectura ha sido un documento que cuenta de alguna manera la cosmovisión.


México tiene una gran tradición arquitectónica ¿verdad?
Tenemos una gran tradición. Toda Latinoamérica pero México en especial. Tenemos un gran legado de cultura y una gran tradición arquitectónica que viene desde épocas pre-colombinas pero también tenemos nuestras arquitecturas coloniales, al igual que una gran modernidad y una gran actividad. Hoy estoy convencido de que vamos a seguir viendo de Latinoamérica, ahora en estos últimos años, grandes propuestas arquitectónicas y urbanas.

¿Cómo ha influenciado México en su carrera profesional como arquitecto?
Como siempre digo, yo no soy un arquitecto mexicano necesariamente porque es muy difícil en esta época llamar a alguien un arquitecto de cierto país o del otro. Todos somos arquitectos, pero sí soy un mexicano muy orgulloso, quiero muchísimo a mi país y estoy muy comprometido con mi ciudad. Nací en la Ciudad de México, estudié allí, sigo viviendo en México y evidentemente toda mi formación de esa cultura milenaria y esa tradición de la arquitectura está, de alguna manera, muy enraizada en mi trabajo. Por otro lado tengo un enorme interés en los acontecimientos globales y de pertenecer a este “network”; el mantener un diálogo es muy importante. Esa es una de las cosas en la que creo que hemos tenido suerte, el poder ver a mis colegas del resto del mundo ojo a ojo, poder participar cara a cara, que eso no sucedía antes. O sea, los arquitectos latinoamericanos o africanos éramos como de otra categoría. Ahora estamos en los mismos foros, nos vemos cara a cara, tenemos el mismo respeto, somos colegas independientemente de nuestros orígenes.

Frente de 321 Ocean / Imagen cortesía Levy Communications

¿Cuáles son las ciudades del mundo que a usted más le fascinan, arquitectónicamente hablando?
Evidentemente son aquellas ciudades que tiene una gran personalidad y son muchas. La Ciudad de México, que yo considero la mejor ciudad del mundo, con muchos problemas pero con una impresionante energía. La segunda ciudad, que es la que yo he elegido, es Nueva York, llevo mi tiempo entre México y Nueva York. Después hay muchas otras ciudades que me interesan muchísimo como por ejemplo Honk Kong y Tokio, París, Berlín, Londres, Río de Janeiro, São Paulo, Buenos Aires, El Cairo, Tel Aviv. Todas ellas tienen una personalidad y una identidad muy propias que por lo mismo se han convertido en íconos de esta red de ciudades. En todas estas ciudades nos podemos divertir pero yo considero que el mundo se define más por estas redes-ciudades, por sus condiciones urbanas que por las fronteras políticas de los países y lo que me interesa a mí mucho más es la red de ciudades que las divisiones políticas de los países.


¿Cómo empezó su pasión por la arquitectura?
Mira, fue un camino largo, no fue fácil. No vengo de una familia de arquitectos ni de tradiciones en la artes de la creación, entonces no tuve esa información primera ni familiar, ni escolar, y me costó un poco de trabajo. Di varios tumbos como todos los muchachos de 17, 18 años hasta que poco a poco fui encontrando las disciplinas del diseño y dentro de este gran mundo del diseño y la creación me enfoqué en el mundo de la arquitectura. Era una búsqueda en la cual yo no sabía cuál era el fin, pero que tenía que encontrar.

¿Cuál considera usted que ha sido su proyecto más ambicioso?
Mira ha habido muchos, los arquitectos todos somos soñadores, nos involucramos en tremendos sueños. Hay proyectos muy precisos que responden a una necesidad muy específica como hacer una institución, o de un grupo de inversionistas que hay que hacer, y otros proyectos que son como los sueños también que son productos de una inquietud personal y hay que estar involucrados en ambos. Los dos informan. Es una simbiosis que no se puede separar, los unos se alimentas de los otros y viceversa.

¿Cuál considera usted que es la clave del éxito?
Yo creo que también es una combinación de varias. Una es el enorme cariño por lo que hago, la convicción. Todos los días me despierto y me voy a dormir pensando en condiciones de arquitectura, de espacio de luz, o sea toda mi vida es así. Un enorme cariño y convicción de que eso es lo mío. Otro factor es que soy una persona muy disciplinada, muy obsesiva, la combinación de estas cosas me han hecho alcanzar ciertas metas. A veces las metas tampoco son muy claras; si tú me preguntas ahora cuáles son mis metas, no lo sé. Todos los días me levanto y trato de hacer todo lo que tengo que hacer lo mejor posible.

Es muy poco común que en América Latina los arquitectos tengan una participación en la construcción espiritual de los ciudadanos ¿Usted considera que su trabajo tiene un impacto inmediato con la espiritualidad de la sociedad?
Definitivamente. Hay una generación de arquitectos, no solo  en América Latina, que desafortunadamente han eludido ciertas responsabilidades. Por condiciones de “confort”, de legalidades o de temores, se han retraído y han actuado irresponsablemente. Yo creo que ese es un error de todos nosotros, un error de gremio, que no era así antes; creo que todos nosotros le tenemos que dar la vuelta a esto y asumir esta responsabilidad. Sí, es nuestra responsabilidad. Deberíamos asumirla porque otros han llenado esos vacíos que hemos dejado como arquitectos y eso ha causado muchas de las inconformidades de las cuales todos nos quejamos. Estas generaciones son más conscientes de esta situación, hay responsabilidad cultural, social y ambiental, responsabilidades que de alguna manera, la generación anterior si no las hemos eludido del todo, nos hemos enfrentado con poco vigor.

Vista de la piscina al anochecer / Imagen cortesía Levy Communications

¿Se considera usted un artista?
No. Yo no creo que los arquitectos seamos artistas. Sin embargo, la arquitectura por razones muy extrañas adquiere esa calidad. Ciertos momentos de la arquitectura sí que llegan a serlo cuando la arquitectura tiene la capacidad de sorprenderte o enseñarte algo nuevo y te hace cambiar emocional o espiritualmente. Pero son solo algunos momentos.

Para terminar, ¿cuáles son los proyectos en los que se encuentra trabajando actualmente?
Muchos, la verdad, tenemos la suerte de trabajar en proyectos muy interesantes en muchos lugares del mundo, prácticamente en toda Latinoamérica, lo que me da mucho orgullo y gusto. Proyectos diversos, varios museos, edificios de gobierno, centros de cultura y artes interpretativas, universidades, bibliotecas, que a mí me llenan de entusiasmo. Por otro lado estamos haciendo muchos trabajos para inversionistas privados. En Miami, todo lo que estamos haciendo es de inversionistas privados. Dos proyectos de ultra lujo se han lanzado en South Beach; son dos proyectos residenciales con un gran éxito, totalmente vendidos en dos semanas, en la zona de South of Fifth, llamados 321 Ocean y ONE Ocean. Estamos haciendo también otro proyecto en el Design District y una residencia privada en Bal Harbour.