Sin lugar a dudas, el 2012 comenzó como un buen año para la joven actriz dominicana Michelle Vargas. Por el lado profesional, acaba de comenzar con el papel de “Sarita” en la súper producción de Univision “El Talismán” y recientemente protagonizó, con el papel de “Alejandra”, la película dominicana “Jaque Mate”, dirigida por el cineasta José María Cabral y selección inaugural del Festival de Cine Global Dominicano 2011; en su vida personal, su novio Sebastien Charny, un empresario francés con quien ya lleva más de un año de relación, le propuso matrimonio y se casan a finales de este año en París, donde vive la familia de Sebastien. Esto último es quizá lo que más “en las nubes” tiene a la artista, ya que no puede ocultar una amplia sonrisa de oreja a oreja y un brillito especial en los ojos cada vez que dice “¡estoy feliz por mi matrimonio!”.

Con motivo de nuestro especial del mes de los enamorados, realizamos una sesión fotográfica y entrevista especial con este par de tórtolos en el parque Crandon de Key Biscayne, donde conocimos más de esta linda pareja de una actriz latina y un empresario europeo, ejemplo de las relaciones biculturales que son típicas en ciudades como Miami. Ellos nos hablaron del amor, de cómo hacen para entenderse, de lo que se come en su casa y de cómo se maneja una relación cuando uno de los integrantes de la pareja se dedica a la industria del “show business”.

Michelle, gracias por esta oportunidad de mostrarle a todos tus fans y a nuestros lectores, en esta edición especial del “Mes de los Enamorados”, lo feliz que estás por tu futuro matrimonio. Pero antes de que hablemos del tema, ¿por qué no nos cuentas rápidamente cómo va tu carrera? Desde que ganaste en la segunda edición del reality de Telemundo “Protagonistas de Novela”, has trabajado en muchos proyectos importantes como “La Viuda de Blanco”, “Más Sabe el Diablo”, “Aurora”, y ahora comienzas proyecto nuevo en Univision.
¡Así es! Gracias a ustedes por la oportunidad, y como tú dices Camilo, empecé en la novela “El Talismán” de Univision como “Sarita”, un papel muy lindo porque se trata de una niña de 18 años que es huérfana y llega a la hacienda “El Talismán” junto con “Pedro” que es el protagonista de la historia, interpretado por el actor colombiano Rafael Novoa y el amor de su vida “Gabriel”, interpretado por el actor cubano Lyduan González; voy a trabajar también al lado de la excelente actriz Blanca Soto, que es la protagonista de la historia, y vamos a ser muy buenas amigas. Es  mi primera novela en Univision y vamos a ver cómo me va, estoy muy contenta y espero que mis fans lo disfruten. 

Ahora sí hablemos de tu amor. ¿Cómo se conocieron tú y Sebastien?
Nos conocimos aquí en Miami. Yo estaba en un café de Lincoln Road, toda como mi vestido de baño y un vestidito por arriba, muy sexy (risas), y nada, nos vimos y ¡fue como un flechazo, amor a primera vista! Y bueno, ya llevamos un año y medio de conocernos.

¿Crees en el amor a primera vista?
Sí creo. Cuando lo conocí, fue como… esa mirada profunda que nos dimos, me hizo enamorarme de él. Al comienzo fuimos amigos y salíamos, pero siempre hubo como esa chispa del amor entre nosotros dos.

Según tu experiencia, ¿cómo es llevar una relación sentimental para una persona que se dedica a la carrera de la actuación y el entretenimiento? ¿Es complicado o se lleva como cualquier otra relación?
Si mi pareja también fuera actor, yo creo que sería un poco más complicada la situación, porque yo en una novela, él en otra, no nos veríamos nunca… para mí es muy complicado, no me gustaría. Me gusta que sea un “businessman” como él, la relación se lleva de una manera más profunda, nos entendemos más, él apoya mi carrera y yo apoyo la suya también y es divino.

¿Cómo fue su primera cita?
Recuerdo que yo traía puesto un vestido amarillo bien cortito, y él me llevó a un restaurante francés, con su copita de vino siempre y su tabla de quesos… ¡ah, delicioso! Ahí él me preguntó que si quería ser su novia, y yo le dije, “¡pues claro!” (Risas).

¿En la primera cita?
En la mera primera cita, sí.

¡Son rápidos estos franceses!
¡Rapidísimos! (Risas). ¡No ves que me entregó el anillo en un año y medio, y ya nos casamos! El matrimonio será en diciembre, si Dios quiere.

¿Cómo te propuso matrimonio?
Me propuso matrimonio en el mismo lugar en el que nos conocimos, en aquel café de Lincoln Road en el que flechamos por primera vez. Él me dijo que me pusiera bien bonita porque nos íbamos a tomar unos traguitos por ahí. Cuando llegamos al lugar, yo veía que la gente se me quedaba mirando y me pareció extraño, y era que él ya lo tenía todo planeado y todo el mundo sabía que me iba a entregar el anillo. La única que no sabía era yo, ¡la boba! (Risas). Recuerdo que había pedido champaña. De repente, él se metió la mano en la chaqueta como para sacar algo de un bolsillo, y cuando lo vi, lo primero que se me pasó por la cabeza fue, “Oh my God ¡aquí es!”. Abrió la cajita del anillo y me dijo “Will you marry me?”. ¡Yo no lo podía creer! ¡Imagínate que de la emoción, yo tapaba el anillo y me quedé muda! El tuvo que preguntarme de nuevo, “Baby, ¿will you marry me?”. Yo todavía sin decir una palabra, lo agarré y le di un besazo y ¡sólo de esa manera fue que el sí pudo salir de mi boca! Y la verdad estoy muy feliz.

¿Cuál es uno de los momentos más románticos que has vivido con Sebastien?
¡Son tantos! Recuerdo en especial un día que fuimos a Brickell y él me llevó a un restaurante. Él pidió una carne deliciosa y empezó a dármela en la boca, y la gente empezó a decir, “Oh, ¡qué lindos! ¡Hacen una muy bonita pareja!”, y para mí fue un momento muy romántico… era como la atmósfera, el ambiente, no sé, irradiábamos amor a nuestro alrededor, y eso me encantó.  

¿Sí son tan románticos los franceses como dicen?
¡Por supuesto! (Risas). La verdad es que él me ha sorprendido. Primera vez que tengo un novio francés, y sí, es muy romántico, muy cariñoso, es muy atento, siempre me pregunta, “¿estás bien mi amor? ¿Cómo te fue en el trabajo”; es increíble.

¿Cómo hace una pareja de dos culturas tan diferentes para entenderse? Él no habla español y tú no hablas francés, por ejemplo.
Sí es un poquito difícil. Cuando viene la familia, por ejemplo, nos entendemos es por señas. Sebastien y yo por lo menos nos entendemos en inglés, pero ¡la familia sólo habla francés! La comida también es un poco diferente; a mí me gusta mi mangú, mi arroz, mis frijoles, a él le gusta su filet mignon, su quesito. Recuerdo que su mamá me explicaba que en Francia, el queso se como un postre, o sea, al final de la comida; nosotros los latinos nos lo comemos al comienzo. Son pequeñas diferencias culturales, pero la verdad es que no hemos tenido ningún problema con nada de esto; cuando hay amor, todo se entiende y todo se puede.