Una de las frases favoritas de los neorleaneses reza en francés cajún “laissez les bons temps rouler”, o como diríamos en español, “¡dejen que corran los buenos momentos!” y no cabe duda de que la diversión y los buenos momentos sobreabundan en la “ciudad del jazz”. Especialmente ahora en febrero con el “Super Bowl” y el célebre carnaval de Mardi Gras sucediendo en la ciudad, visitarla durante los dos primeros fines de semana del mes promete entretenimiento extravagante, desmedido, libre y sin muchas de las restricciones que imponen otros lugares del país como andar por las calles con la bebida en la mano, e incluso ¡entrar a un bar con la bebida de otro bar!

El Café Beignet es uno de los mejores lugares para comenzar el día con los tradicionales beignets acompañados de café au lait.

El eje de la fiesta, la famosa Calle de Borbón en el Barrio Francés – o Bourbon Street como se le conoce hoy en día que es gringa y no le pertenece más ni a la corona española ni a la francesa – estará atiborrada de una miríada de visitantes y locales que harán de la suyas entre sonidos de trompetas, saxofones, bajos y banyos y un festín policromo de collares de cuentas.

Pero, debajo del bullicio ensordecedor de la imagen parrandera que ha hecho célebre a Nueva Orleans, se esconde otra faceta de esta doncella del Misisipi que no muchos han querido explorar: la de una ciudad extremadamente romántica… Ô l’amour!

Pero no debería ser una sorpresa para nadie; al fin de cuentas, fueron los franceses quienes erigieron la ciudad, los creadores de lo romántico, los mismos fundadores de “la ciudad del amor”… algo de ese je ne sais quoi francés debía quedar impregnado en el aire de Nueva Orleans.

Desde la arquitectura colonial y criolla del viejo Barrio Francés, con sus balcones de hierro forjado y callejuelas estrechas y medio oscuras, a veces todavía adoquinadas y con luz tenue de lámparas de gas; pasando por los seductores sonidos de jazz o blues que emanan de cafés, bares, bistros y restaurantes; siguiendo con los afrodisíacos y picositos sabores de la comida local, que le encienden la llama a la pareja más aburrida; hasta las amplias y verdes avenidas del Garden District, con sus exuberantes jardines y suntuosas mansiones, Nueva Orleans, con su encanto sureño, puede ser sin miedo a errar una de las ciudades más románticas de los Estados Unidos y una de las más idóneas para pasar un día de San Valentín o un mes del amor fantásticos.

El Barrio Francés es uno de los lugares más románticos de Nueva Orleans, con sus edificios criollos y coloniales de balcones de hierro forjado adornados de flores.

Es una ciudad que invita al romance y estimula todos los sentidos. Por eso, si quieren aprovechar la popular época de Mardi Gras y conocer más sobre uno de los festivales culturales más ricos del país, pero aun así quieren disfrutar en pareja de ese romanticismo de la ciudad y evitar las borracheras estrepitosas y “bacanales” destinadas más a los solteros, aquí les traemos algunos planes bien románticos para disfrutar en Nueva Orleans.

Comiencen su día en el Barrio Francés – o Vieux Carré como se le conoce en francés – con una visita al “Café Beignet” para endulzar los corazones y el día con una de las delicias culinarias más famosas de la ciudad: los beignets, una especie de masa o buñuelos fritos con azúcar pulverizada encima; acompáñenlos con un delicioso café au lait o café con leche francés. Otro lugar muy popular para el desayuno y los típicos beignets es el “Café du Monde”, de hecho el más célebre de la ciudad, pero si no están de mucho ánimo para hacer la extensa fila que siempre hay en el lugar para obtener una mesa, “Café Beignet” es una opción menos congestionada y con una calidad muy cercana.

Tras calentar motores, lo mejor es explorar el Barrio Francés y perderse por sus calles de nombres románticos como Burgundy, Bienville, Conti, Dauphine o Royal admirando los bellos balcones de madera o hierro forjado, adornados de coloridas flores. La Plaza Jackson – conocida en época de la colonia española como Plaza de Armas – es un hermoso parque perfecto para caminar y hasta tomar un pequeño descanso sentados o acostados sobre uno de los céspedes mientras admiran el hermoso cuadro de fondo que forman la estatua ecuestre del general Andrew Jackson (en cuyo honor se rebautizó la plaza) y tres edificios históricos del siglo 18 que conformaban el corazón de Nueva Orleans en la época colonial: la Catedral de San Luis, el Cabildo y la Casa Curial o Presbytère como se le conoce hoy en día. Una vez hayan descansado los pies y hecho planes de casarse en la hermosa catedral nombrada Basílica Menor por el Papa Pablo VI, tomen uno de los coches tirados por caballos que se alinean sobre la calle Decatur, y den uno de los paseos más románticos que puedan hacer por el Barrio Francés, lleno de historias y anécdotas interesantes contadas por el cochero.

Por más de 130 años, el elegante restaurante Commander's Palace en el Garden District ha servido lo mejor de la gastronomía local.

Cuando sea hora de satisfacer el estómago, les recomiendo que salgan del Vieux Carré y se dirijan hacia el Garden District, para experimentar uno de los mejores y más tradicionales restaurantes de comida típica de Luisiana: Commander’s Palace. Alojado en una exquisita casa azul de arquitectura victoriana, el restaurante lleva más de 130 años sirviendo lo mejor de la gastronomía local, hoy bajo el liderazgo del chef Tory McPhail, quien le ha dado un giro moderno a la tradicional comida creole, cajun y soul food. Ah, no olviden que esta es también la ciudad de muchos de los chefs celebridades de los que tanto se oye en los medios como Emeril Lagasse, Paul Prudhomme, Adolfo García, Susan Spicer, entre otros.

Después del almuerzo, nada más romántico que pasear por el Parque Audubon y tomar el tranvía de la avenida St. Charles para recorrer todo el Garden District y admirar desde la ventana las suntuosas y gigantescas mansiones del barrio a lo largo de la avenida, muchas de estilo neoclásico y neogriego. Mientras recorren los amplios jardines con el arrullador sonido de las ruedas sobre los rieles, imagínense viviendo una escena de pasión prohibida como sacada de “Un tranvía llamado Deseo”, la obra de teatro ganadora al Pulitzer del dramaturgo Tennessee Williams ambientada en gran parte en Nueva Orleans.

Tomar el tranvía de St. Charle Avenue para ver las mansiones sureñas a lo largo de la avenida es una de las actividades más románticas que ofrece la ciudad.

Al caer la noche, regresen al Barrio Francés para la cena; en mi opinión, el Vieux Carré cuenta con algunos de los restaurantes más bellos y románticos de Estados Unidos; estar al interior de ellos, con sus luces tenues de lámparas de hierro y pisos de mosaicos, es como transportarse al viejo mundo y sentir por un momento como si uno estuviera en un bistro en París. Uno de mis recomendados es el restaurante Arnaud’s, que tiene el comedor elegante o el bistro donde se puede escuchar jazz en vivo; el restaurante también cuenta con un pequeño museo de Mardi Gras. Después de la cena, cierren la noche de una forma musical caminando por la calle Frenchmen, donde se encuentran muchos clubes de jazz; aventúrense al interior de alguno de ellos… o por qué no, en varios, y bailen pegaditos por el resto de la velada. Muy posiblemente se topen antes con un poeta callejero quien les puede dedicar unos versos de amor y pasión escritos en su anticuada pero romántica máquina de escribir.

Entre otras actividades románticas en Nueva Orleans está caminar a lo largo del Río Misisipi y tomar un paseo en el barco de vapor “Natchez”, para revivir la antiguas épocas como sacadas de “Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain; o ir al Templo Espiritual del Vudú para pedir paz, armonía y mucho amor a los espíritus, y quizá salir con alguna poción o brebaje mágico para mantener viva la llama de la pasión.

Si aún no han hecho planes para este mes del amor, láncense a la aventura de experimentar Nueva Orleans como nunca la han experimentado antes, una ciudad que como dirían en francés, c'est très romantique.