Jorge Mario Bergoglio, papa Francisco / Agência Brasil, Presidência da República, Roberto Stuckert Filho, Wikipedia

La expectativa del mundo católico desde que Joseph Ratzinger, conocido como el papa Benedicto XVI, entregara su posición de jefe de la Iglesia católica, era incierta, nadie suponía ni imaginaba si quiera que el  nuevo pontífice sería un latinoamericano, y mucho menos un argentino. Cabe resaltar que Argentina no es un país donde el catolicismo sea uno de sus pilares. Sin embargo, la cabeza de la Iglesia católica es hoy en día Jorge Mario Bergoglio, un  arzobispo jesuita de Buenos Aires, Argentina.

Bergoglio, un hombre de 76 años de edad es hoy conocido como el papa Francisco y su acercamiento al catolicismo fue a muy temprana edad cuando hacía parte de un colegio salesiano y aunque su paso por la educación técnica le dejó un título como químico, su vocación religiosa lo llevó a ordenarse de sacerdote a los 33 años, sin sospechar que 43 años más tarde, sería escogido como el máximo pontífice de la Iglesia Católica el pasado 19 de marzo.

Francisco se ha hecho popular por su franqueza a la hora de opinar y por su inquebrantable moralidad en los temas de la Iglesia. Sin embargo,  ha sorprendido no solo a sus adeptos, sino a quienes dicen ser agnósticos, con muestras de humildad como dar las buenas tardes, sonreír cuando está a punto de caerse, pedir la bendición antes de ofrendarla, visitar la cárcel de menores de Roma, donde lavó y besó los pies de 12 jóvenes reclusos. Es un papa que estudió latín, literatura e historia del arte y que usaba el transporte público para ir a esperanzar a los enfermos, ese es el hombre detrás del papa Francisco.

Sin embargo, este mismo hombre tan “cándido” ha sido vinculado con la dictadura militar que gobernó a su país durante los años 70 y principios de los 80; ha sido acusado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de ser un opositor en la campaña contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, y además ha sido reconocido por juzgar al gobierno argentino y a la sociedad por no impedir el aumento de la pobreza en ese país.

Pero la única verdad de toda esta especulación, es que el cardenal siempre ha estado a favor de los derechos de los pobres y en ‘mala hora suya’, en la época de la dictadura, muchos obispos fueron tildados como cómplices de los militares, pero al actual papa no se le ha comprobado nexos con esa dictadura. Sólo el tiempo dirá sí Bergoglio, será quien le ponga punto final a los escándalos de pedofilia y abuso sexual en la santa sede, a los malos manejos políticos, a la desvergonzada vida de algunos católicos en ejercicio, que responden al nombre de sacerdotes y si será o no el papa que esperaba el mundo o por lo menos el que necesita la Iglesia católica para recobrar un poco de su popularidad perdida.