Es importante entender que existe el ego negativo y el ego positivo.
Cuando nos desprendemos enteramente del ego, llegamos a ser individuos de una bondad incondicional y personas de una vibración o frecuencia muy pero muy alta, algo muy bonito y muy enriquecedor. Pero la verdad sea dicha, es muy difícil permanecer intactos a una vibración celestial permanente mientras seamos peregrinos en el viaje de la vida.
Vivimos en la Tierra y tenemos que sacar un poquito de ego positivo para funcionar y emprender. Se trata de esa garra para lidiar con los embates cotidianos que es necesario tener. El ego positivo nos permite ser seres competitivos en el buen sentido de la palabra; nos permite avanzar y progresar con ímpetu en la profesión o carrera que hemos escogido en la vida. También nos ayuda a vencer ciertas debilidades y sacar carácter para lograr vencer enfermedades y depresiones, y nos planta en la vida para ejercer liderazgo y fortaleza.
Pero también es importante conocer de cerca la otra cara de la moneda: el ego negativo, compuesto de ciertas extensiones que es importante conocerlas y sobre todo saber que están conectadas con la negatividad y que son trampas de la oscuridad. Las extensiones del ego negativo son de naturaleza destructiva.
Las cinco extensiones del ego negativo son: la ira, el orgullo, el odio, el juicio y el control.
También podríamos añadir algunas primas hermanas a estas cinco extensiones: la envidia", "la codicia", etc. Pero las cinco primeras nombradas son las que están en un centro perpetuo y las que más brotan en la personalidad del ser humano ante un estímulo.
Cuando empezamos a caminar en cualquiera de estas direcciones, o empezamos a sentirnos empoderados con cada una de estas extensiones, estamos perdiendo algo, ese algo es “la humildad” y también estamos debilitándonos y estamos perdiendo nuestra conexión con la luz. En otra palabras, comenzamos a vibrar a un nivel de frecuencia muy bajo.
Debemos saber que cuando esto sucede, nos estamos perjudicando y nos estamos conectando con una negatividad que actuará como un bumerán sobre nosotros mismos, y nos llevará hacia nuestra propia destrucción y nuestro propio sufrimiento.
Todas estas extensiones del ego nos conectan con la oscuridad y nos alejan de sentir nuestra paz interior. El tener la conexión con un ego destructivo contamina el corazón y el alma, y el individuo empieza a carecer de paz y de sentido o misión en su propia vida.
Por ejemplo, cuando sentimos ira o cólera, o cuando queremos controlarlo todo, no estamos sintiendo ese fluir universal, estamos en ese momento sintiéndonos con el deseo de controlarlo todo, y sabemos que poco podemos controlar cuando se trata de enfrentar un destino o de entender un designio que ya está marcado por el flujo divino o por el flujo universal.
El juicio hacia el vecino también es un sentimiento traicionero, porque en la mayoría de los casos está actuando como espejo; lo que juzgo es lo que “soy yo”, sin darme cuenta.
En el caso del control, mientras la persona más quiera controlar a sus semejantes y mientras más quiera controlar la perfección de su ambiente, más presa y más infeliz es. El control atrofia, asfixia, oprime y enferma.
Mientras más podamos desconectarnos de un ego negativo, mejores seres humanos seremos, y estaremos más libres y menos atormentados en la vida.
Invito a mis lectores a conectarse con la energía de la luz, con la energía de un ego positivo lleno de voluntad y progreso. Los invito también a invertir estas extensiones del ego negativo hacia un ego positivo. Vamos a remplazar estos sentimientos por otros de una vibración y frecuencia de luz de la siguiente manera: la ira por la paciencia, el orgullo por la humildad, el odio por el amor, el juicio por la prudencia, y el control por la entrega.


